Situadas en un recóndito valle rodeado de montañas, las aldeas ocultas de Japón ofrecen una aventura apasionante que abarca las prefecturas de Gifu y Toyama. Repartidas en tres asentamientos principales (Ogimachi en Shirakawa-go, y Ainokura y Suganuma en Gokayama), estas comunidades se remontan al siglo XI y tienen una inmensa importancia histórica.
Quizás el aspecto más importante de estas aldeas tradicionales es la aparición de la auténtica arquitectura de estilo gassho. También conocido como casas gassho-zukuri o edificación de “manos unidas en oración”, este estilo utiliza tejados de paja de pronunciada pendiente que pueden soportar fácilmente las fuertes nevadas del invierno, al tiempo que permiten que la nieve se deslice por el lateral al derretirse.
Descritas como una de las formas de arquitectura más única de Japón, algunas casas gassho tienen más de 400 años. Mientras tanto, este ingenioso diseño también captura algunas de las cualidades económicas únicas de la región. El espacio interior de cada vivienda, que cuenta con amplias divisiones interiores, se utilizaba para almacenar hojas de morera y cultivar lechos de gusanos de seda, los principales productos agrícolas disponibles para la comunidad.
Cada una de estas aldeas rurales japonesas, impecablemente conservadas, ofrece una oportunidad única de experimentar un estilo de vida tradicional. Lo mejor de todo es que no es solo la arquitectura la que se ha mantenido prácticamente igual. El paisaje circundante también ha cambiado poco a lo largo de las décadas, lo que permite a los visitantes disfrutar sin problemas de los canales y bosques cercanos al río Shō.
La arquitectura de estilo gassho, propia de Japón hasta la década de 1930, fue finalmente difundida a otras partes del mundo por el renombrado arquitecto alemán Bruno Taut. Tras conocer este estilo de diseño durante su estancia en Japón, Taut se sintió inspirado para compartir y explorar más a fondo este método de edificación una vez que regresó a Europa.
Compartir
Compartir